'Padres por desigual' - Un (buen) amigo, un tesoro

01.01.2016 22:03


Puede que haya quién aún no lo sepa, pero 'Quien tiene un amigo tiene un tesoro' no es sólo el título de una de las muchas veces que Terence Hill y Bud Spencer compartieron pantalla, alguna risa y muchos mamporros. También es un dicho popular que, como todos los dichos populares, hay que utilizar bajo unas determinadas condiciones de uso que le aporten credibilidad. Porque, quién tiene un amigo... ¿realmente tiene un tesoro?


Quién tiene un amigo... ¿realmente tiene un tesoro? ¿Siempre es así? Sobre el papel sí, porque queda tan bonito que no se lo podemos negar. Igual que queda bonito aquel "Mejor solo que mal acompañado" con el que tiene muy fácil entrar en conflicto. Lo más políticamente correcto dentro de una sociedad políticamente correcta sería decir que quién tiene un buen amigo, realmente sí tiene un tesoro. En el caso que nos ocupa Will Ferrell, a quién como ya quedó claro en 'Los otros dos' las buenas compañías como la de Mark Wahlberg le sientan bien.


Sinceramente, no sé que tiene Mark Wahlberg que parece improbable que haga una película "mala". Puede que no "transmita" la misma sensación a "movie star" de por ejemplo Brad Pitt o George Clooney, pero es igualmente raro encontrarle en una película que, a pesar de las apariencias, sea una completa perdida de tiempo. Como tampoco lo es 'Padres por desigual', la cual sin dejar de ser la típica comedia de tantas que un comediante como Will Ferrell parece que rueda mientras espera al autobús o se encuentra en la cola del baño... tiene su punto.


"Tiene su punto". Al igual que un dicho popular, dicha expresión debe ser admitida en una determinadas condición de uso: el de la comedia irrelevante que tradicionalmente asociamos a los domingos de resaca (antes de que los telefilmes se adueñasen de la hora de la siesta). "Tiene su punto" quiere decir que 'Padres por desigual' cumple en aquello que se propone que, casualidades de la vida, es a su vez lo que aparenta ser... sólo que por encima de la media. Lo que dicho en otras palabras, resulta entretenida y a menudo, también divertida.


La clave está en que Mark Wahlberg no es como los amigos de Adam Sandler: Wahlberg no parece que fuera acabar en la calle pidiendo limosna de no ser por Ferrell. O sea, su presencia aporta un plus que repercute a su vez en Ferrell, y automáticamente, en la propia película. O lo que es lo mismo, la película como tal, como cabe esperar, no es nada del otro mundo por decirlo de manera amable. Sin embargo Wahlberg y Ferrell hacen que merezca la pena, que los 90 minutos que dura sea mucho más llevaderos que según que comidas navideñas con la familia...


Nota: 7/10